El precio no es el problema
El problema que plantean los mercados financieros a los agentes económicos no es de precio, la clave no está en los tipos de interés, cuarto más cuarto menos, sino en el propio suministro de mercancia-crédito, en la cantidad y en la garantía del flujo.
En la actual coyuntura los tipos de interés son fundamentalmente señales, y no datos decisivos. Señales sobre el juicio que tiene la autoridad monetaria sobre la evolución de la economía, el nivel de precios y de empleo. Señales para decidir planes de inversión y de actividad y también para estimar el futuro. Damos mucha importancia a esas señales por cuanto permiten fijar prioridades y preocupaciones.
En España se dan factores singulares, por los millones de familias hipotecadas con tipos variables sobre Euribor, familias que son actores importantes de las expectativas de consumo y, por tanto, de crecimiento.
Pero aun a pesar de ese factor, conviene poner en cuarentena el carácter determinante que se otorga a los tipos de referencia de los bancos centrales. Obsesiona a quienes en los mercados monetarios operan en los márgenes pero no al resto de empresarios que necesitan financiación.
Desde el pasado mes de agosto se produjo un cambio de paradigma, las facilidades de crédito se acabaron y apareció la cara sombría del banquero, la que dice no al otorgamiento de créditos y la que exige garantías adicionales y más condiciones antes de abrir la caja.
La situación que hemos vivido durante los pasados años fue excepcional: tipos de interés reales negativos, inferiores a la tasa de inflación. Una anomalía. Quien no se endeudaba parecía tonto, era dinero casi regalado en el corto plazo, pero exigente en el medio y largo.
Pero nadie puede decir que le engañaron, aunque muchos asumieron el espejismo sin preguntas adicionales. Aquellos tipos por debajo de la inflación no podían ser eternos, eso va contra la naturaleza de las cosas. No podían durar demasiado.
Por tanto quienes no tomaron la cautela de asegurar al menos parte del riesgo o no advirtieron que lo excepcional era tomar crédito al 3%, han entrado en dificultades en un entorno menos favorable. Los banqueros ahora no ofrecen, imponen las condiciones, entre otras razones porque a algunos no les llega la camisa al cuello, también se dejaron arrastrar por el espejismo.
El BCE no va a bajar el precio de referencia de sus facilidades crediticias del 4%, aunque tampoco es previsible que lo vaya a subir. Ahora, más que a los tipos oficiales hay que atender a los reales a corto y largo plazo que fija el mercado, poco manipulables.
El Euribor ha subido los últimos días porque el mercado interpreta que a los del BCE les inquieta más la inflación que el crecimiento.
Y de todo ello no hay que concluir pesimismo o fatalismo. Con bajadas de tipos de interés la economía japonesa no salió de la deflación, para generar confianza se requieren otros instrumentos y mensajes de las políticas presupuestarias y regulatorias. El dinero no es un factor decisivo, aunque sea importante.
Fuente: abc.es